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jueves, 1 de noviembre de 2012

La luz en casa de los demas.


María, una mujer libre y carismática, es la administradora del 315 de Grotta Perfetta, en Roma. Cuando muere repentinamente deja a una hija de seis años, y también una carta. La niña se llama Mandorla- Almendra-, y ya solo su nombre encierra todo el encanto y el absurdo del que será su destino, ya que María ha dejado escrito que el verdadero padre de Mandorla es uno de los hombres que vive en el edificio. Tras una asamblea en la que nadie confiesa su paternidad, los vecinos deciden finalmente criar a la niña entre todos.
Así , de los seis a los diecisiete años , Mandorla ira cambiando de casa, adaptándose a cinco modelos de familia: será testigo de la soledad de Tina, vivirá la separación de Catherina y Samuele, acompañara a Paolo y Michelangelo al orgullo gay; se sentara a la mesa de los Barilla, una familia tradicional y vivirá las turbulencias de la eterna pareja de hecho, Lidia y Lorenzo. Y mientras Mandorla crece, se enamora y busca a su padre, descubre que antes de ser mujeres, maridos, padres o hijos, somos personas: maravillosas y terribles, con una infancia que nos persigue.
 
Puede que al principio pensemos que nos encontramos ante la historia de una niña que se ve de repente en la situación de vivir con diferentes familias que deciden cuidarla al no ser capaces de aceptar que sus familias pueden romperse por una verdad que sucedió hace años y de la que supuestamente ninguno tenia idea alguna.
Pero la lectura que podemos sacar de esta novela, mostrada en su mayor parte desde la visión de la joven Mandorla, es que hay muchas maneras de vivir y ninguna es perfecta. Pero a pesar de nuestros defectos, también tenemos virtudes. Que nadie es totalmente bueno y nadie es totalmente malo. Que nuestra infancia nos marca de por vida, que tenemos que aprender a crecer y valernos por nosotros mismos. Que en el fondo lo que importa es que finalmente podamos aprender de nuestros errores, que es el amor lo que puede crear una familia y no el mero hecho de compartir unos genes. Que la vida es un continuo aprendizaje y aunque pasen muchos años, nunca dejaremos de evolucionar.
“Oh poste.
Hagamos un intercambio:
Tu te pones en mi lugar
Aquí en el cuarto piso
Y te convences de que Tina
Tarde o temprano
Volverá,
Porque estas arto de quien te dice
Hasta luego
Cuando en realidad quiere decir
Hasta nunca
Oh poste
Y yo mientras tanto me estoy quieta
En tu lugar
Y veo muchos
Como Efexir
Abandonados ahí,
Pero veo también a muchas personas
Como Lorenzo,
Que pasan y se lo llevan consigo
A esos perros,
Asi me convenzo de que nadie
Abandona a nadie
Si no que se están buscando
Y al final
A lo mejor
, se encuentran."
( Mandorla tiene una peculiar manera de rezar)

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